Y AHORA, ¿CÓMO LO CONVIERTO EN PERSONAJE INOLVIDABLE? (II)

En la anterior entrada hablábamos de los cuatro elementos de Syd Field para mejorar nuestro personajes. Veamos ahora qué dice otra teórica del guión: Linda Seger.

  • Linda Seger y sus personajes multidimensionales

Linda Seger[1], un poco en la misma línea, habla de crear personajes multidimensionales. Para ella, son tres las dimensiones que hay que añadir a nuestra creación: pensamientos, acciones y emociones. Veámoslos uno a uno.

El modo de pensar o la actitud del personaje es lo más difícil de plasmar. El peligro de definirlo demasiado por su modo de pensar es que nos quede un personaje hablador, algo abstracto y aburrido. Sin embargo, el personaje multidimensional debe creer en algo, y eso en lo que cree respaldará sus acciones. Porque son las acciones, más que las palabras, lo que deben mostrarnos al personaje.

Cuando habla de actitud, Linda Seger lo hace en el mismo sentido que Syd Field y añade que todo buen personaje debe tomar una postura ante la vida.

La acción o decisiones que tome el personaje son la base del drama. Mientras que en una novela podemos centrarnos con facilidad en los sentimientos y creencias, en un guión el centro es la acción.

Linda Seger divide la acción en dos: la decisión de actuar y la acción en sí misma.

La decisión de actuar es un momento muy poderoso en la revelación del personaje (el difícil momento de apretar el gatillo o no hacerlo, de decir sí a una relación o decir no…). Y estas decisiones conducen a acciones concretas continuamente cuando se trata del protagonista, porque el personaje principal debe hacer avanzar la acción mediante sus acciones (aunque esto lo veremos en temas siguientes).

Las emociones o relaciones emocionales afectan a todos los personajes, aunque las dejemos al margen de la historia. La vida emocional define al personaje y su reacción emocional ante estímulos concretos, completan esta definición.

Linda Seger se queja de que muchas veces acciones de gran impacto no tiene efecto sobre los personajes (un compañero muere y él sigue en su historia sin que le afecte, por ejemplo).

Las emociones son primordiales para meter al público dentro de la historia, para que experimente lo mismos sentimientos que el personaje.

La autora añade a estas tres dimensiones un cuarto elemento: el arco de transformación. En una buena historia el protagonista (y a menudo algún otro personaje) se transforma según avanza la trama. No es algo que hagamos sólo al final, el personaje debe ir cambiando paso a paso.

Como vemos, lo que expone Linda Seger se parece bastante a los cuatro elementos de Syd Field. Sin embargo, a mí me gusta añadir una dimensión que lanza Madeline DiMaggio: la característica dominante.

Como su propio nombre indica, se trata de asignar al personaje un rasgo que lo diferencie de los demás, que lo defina de un solo plumazo. La propia DiMaggio afirma que puede parecer un recurso simplista, pero nos permite no alejarnos del personaje cuando estamos escribiendo, nos aclara a nosotros y aclara al espectador.

De mi propia cosecha, yo añado otro recurso para crear un personaje rico en matices: la sinceridad. No me refiero a que el personaje sea sincero, sino que nosotros seamos sinceros al escribirlo, que huyamos de la afectación.

Una vez que hayamos asignado unas características al personaje, hemos de ser consecuentes y hacer que actúe acorde a estas características. No podemos manejarlo a nuestro antojo para que nos encaje un giro en la trama o para hacer algo efectista si lo que hace no es coherente con él. La pregunta no es: ¿cómo puede salir mi personaje de esta situación?, sino, ¿qué haría mi personaje ante esta situación? Y si no sabemos qué responder, podemos recurrir a lo que dice McKee:

“Una de las tristes verdades de la vida es que sólo hay una persona en este valle de lágrimas a la que realmente podremos llegar a conocer, nosotros mismos.

Por eso cuando nos preguntamos: “Si yo fuera ese personaje en esas circunstancias, ¿qué haría?”, la respuesta sincera siempre es correcta”.

Si respondemos buceando dentro de nosotros mismos, el personaje actuaría como ser humano, que es lo máximo a lo que aspira.

Daniel Tubau[2] añade una característica que me parece importante para que nuestro personaje sea más real: la ambigüedad. Aunque nosotros conozcamos muy bien al personaje, a la hora de plasmarlo es bueno transmitir cierta ambigüedad que no permita hacerse una idea exacta de su carácter o sus intenciones.


[1] Seger, Linda: Cómo convertir un buen guión en un guión excelente. Ediciones RIALP. Madrid, 1994.

[2] Tubau, Daniel: Las paradojas del guionista. Alba editorial. Barcelona, 2006.

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