¿DE DÓNDE SACAMOS NUESTRA IDEA? (Y IV)

Con esta entrada, termino el repaso (no exhaustivo, pero al menos sí bastante orientativo) de lugares en los que obtener ideas para nuestar novela juvenil.

Puedes releer la primera entrada sobre este tema aquí, la segunda aquí, y aquí la tercera.

Como en las sevillanas, vamos con la cuarta.

–       Otras fuentes

Las citadas antes son las fuentes más comunes de búsquedas de ideas. Son esos lugares a los que podemos recurrir cuando no sabemos muy bien qué queremos contar. O esos lugares a los que acudimos para pescar sabiendo que algo caerá.

Pero no son los únicos lugares. Una idea puede tener muchísimos más detonantes. Cada uno puede encontrarla en el sitio más inesperado: un reflejo en un charco, una pesadilla, un trozo de conversación oído al azar, un aroma… Sin embargo, todos tienen un origen común: nuestro cerebro. Cuando ejercemos de novelista, nuestro cerebro trabaja o debería trabajar las veinticuatro horas del día. Si estamos receptivos, reflexivos y preocupados por encontrar una idea, él seguirá pensando incluso cuando creamos que no lo hace. Así, esa maravillosa historia que se nos ocurre “de repente” ha estado en verdad fraguándose durante… quién sabe… tal vez una semana, un mes, un año. La mejor forma de que las ideas acudan a nosotros es intentar fabricarlas continuamente.

Margaret Clark es una editora que publicó un libro titulado Escribir literatura infantil y juvenil. En él llama “enfoque” a la manera de buscar ideas. Y diferencia tres tipos de enfoque:

  • Primero –como en todos los tipos de ficción- se te puede ocurrir una idea con tal fuerza que tengas que escribir sobre ella, contra viento y marea, sin importar lo que te diga nadie sobre las posibilidades de que te lo publiquen”.
  • “Segundo, puedes ir a observar a los jóvenes, preguntarles qué les preocupa, descubrir cómo piensan”.
  • “Y tercero, puedes practicar tu talento como escritor siguiendo un patrón establecido por otra persona para una serie”.

Esto de escribir para una serie es algo tal vez habitual en el mercado anglosajón, pero más complicado en el nuestro. Aún así, es una posibilidad como otra cualquiera para practicar.

Ya hemos repasado sitios en los que encontrar ideas. En la próxima entrada veremos qué hacer con ellas.

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