Con Iglesias hemos topado, amigo Juanma

Ayer terminé de leer una novelita. Novelita por la extensión, que no por la calidad. Como era de un amigo, pensaba comentarle mi impresión en su muro de Facebook y punto. Pero después me dije: «esta novela (ahora sí) se merece algo más que un simple dedo levantado en un hilo de comentarios». Y aquí me veis, escribiendo esta entrada.

La novela en cuestión se llama Con Iglesias hemos topado, y la podéis conseguir tanto en Amazon como en la página de la Editorial Desfase.  Su autor se llama Juan Manuel Márquez. Para conocer el contexto, diré que he dicho que es amigo, aunque hace como treinta años que no nos vemos (si no me equivoco) y que nunca alcanzamos un nivel de intimidad en el que uno conoce los secretos del otro. Pero haciendo caso a la cuarta acepción del término amistad de la RAE (que sé que tanto le gusta a Juanma), sí que existe cierta afinidad, cierta conexión.

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Foto robada del Facebook de Juanma

Y para ahondar más en el contexto, la novela quedó finalista en los llamados premios AntiPlaneta, que se fallaron el mismo día que los Planeta, los del pastizal y el tongo. Y que en las bases se especificaba que tenía que llevar en algún lugar la expresión «los gayumbos de Pablo Iglesias». Y hasta aquí puedo leer… sobre el contexto.

Ahora viene mi opinión (que no mi crítica, no me considero crítico literario).

La novela va sobre muchas cosas, la imagen de los calzoncillos (palabra reivindicada en la novela) de Pablo Iglesias fijada en la mente del protagonista sirve de excusa para un repaso sobre su vida, sus deseos, sus miedos, sus relaciones. Sin embargo, lo que más me ha gustado ha sido esa reflexión constante sobre el propio lenguaje. La novela es una maravilla en ese sentido. El protagonista se cuestiona las palabras que elige, las mira al trasluz, las mima o las apalea y hace un uso siempre consciente del lenguaje. Y todo con bastante humor y total ausencia de pedantería. No es nada fácil conseguirlo, pero ahí está.

con-iglesias-hemos-topadoLa novela no es autobiográfica, pero hay mucho de Juan Manuel en Fidel. Ya os he dicho que no lo conozco tanto, pero se nota. ¿Por qué? Porque la novela es, sobre todo, sincera. Se respira esa sinceridad en cada frase del protagonista, en cada reflexión, en cada decisión.

Y, además, hay un dato que estoy convencidísimo que sí pertenece a la vida de Juanma (corrígeme si me equivoco). Cuando dice que Teresa López, la profe de Lengua de Secundaria leyó su redacción en voz alta delante de la clase, sé (o creo saber) que es una anécdota propia prestada a un personaje que al fin y al cabo también le pertenece.

Y lo digo con tanta seguridad porque esa Teresa López existió, también me dio clase a mí, y también leyó una redacción mía. En el caso del protagonista de Con Iglesias hemos topado (o de Juanma si mi intuición es cierta), la frase que detonó la alabanza de Teresa (ojo, mínimo spoiler) fue la primera: «Estaba sentado en mi habitación cuando de repente no sucedió nada» (fin del spoiler). En mi caso, el detonante fue la última. Mi redacción tenía que ir sobre la sequía y yo la centré en alguien que todo el rato comentaba lo mal que lo estaba pasando, la sed que tenía, lo cercana que veía la muerte. Terminaba con la frase: «Quizá mañana yo, un helecho casi seco, salve mi vida».  Yo también sentí un orgullo cercano al pecado capital cuando Teresa leyó mi folio delante de todos mis compañeros.

En fin, paro, que no estamos aquí para hablar de mi libro, sino del de Juanma. Poco más tengo que decir, bueno sí: que tiene un defecto y es que se termina demasiado pronto. Pero eso mismo es también su virtud. Te deja con el buen gusto de lo bueno y concentrado, como un café ristretto. Ah, y hay un polvo en la ducha, por si todavía no te habías decidido a comprarlo.

Solo vale tres euros, y te repito las formas de adquirirlo: en Amazon: aquí, y en la propia editorial, aquí.

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El exceso de expectativas

Cara-oculta-lunaPara escribir hay un elemento que hay que dominar muy bien además de la ortografía, la gramática, la narrativa, el lenguaje en definitiva. Y ese elemento es la gestión de la información.

Eso está muy claro, sobre todo, cuando se escribe suspense. Dando la información que nos interese en el momento que nos interese, adelantando ciertos datos y ocultando otros (sin truculencias, por favor) vamos creando el interés del lector y jugando con él hacia nuestro objetivo: sorprenderle con lo inesperado.

Hay, sin embargo, un problema que he detectado en algunas novelas y muchos relatos: el exceso de expectativas.

A veces, el autor quiere vender su historia a bombo y platillo y plantea al lector la promesa de una aventura increíble, de una gran sorpresa final, de una historia nunca antes leída o de algo que hace que su lector se lance sin red.

El lector comienza con un cosquilleo en su estómago. ¿Qué me encontraré? ¡Qué bien, al fin algo que me va a sorprender! Jo, esto promete, tengo unas ganas de llegar al final…

El lector sigue leyendo con avidez…, hasta cierto punto. De pronto la historia se desinfla o llega esa gran sorpresa y no resulta serlo en absoluto, o esa historia nunca leída y está más vista que un tebeo… El lector se siente decepcionado y, lo que es peor, engañado. Puede que incluso se enfade con el autor.

Esta decepción tenía un fácil remedio. El más obvio es dar lo que se promete. Pero eso no es siempre fácil, por lo que el remedio más sencillo es no comenzar prometiendo lo que no se va a dar, vamos, como en la vida.

Así que ya lo sabes, si en lugar de poder ofrecerle la Luna a tu lector tan solo tienes un guijarro, no le vendas la Luna, prométele una roca.

 

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La sombra de Growyn es alargada

Lo escribí en un tweet, pero me he dado cuenta de que me apetece contarlo con más detalle. Y para eso no hay mejor lugar que este blog dedicado a la escritura.

Hace más de un año publiqué la segunda novela de Growyn, el elfo detective. Las reacciones que me han llegado de la gente que la ha leído han sido bastante buenas, y muchos me han pedido una tercera entrega, lo que agradezco de veras y me anima mucho más de lo que podéis pensar. En mi cabeza ya hay algunas ideas sobre ella. Sin embargo, me apetecía alejarme un tiempo de él por varios motivos.

Lo cierto es que ya me he alejado. Hace poco terminé una novela que acabo de enviar a una lectora para que la analice porque es un experimento que no sé si llamar atrevimiento, estupidez o tendrá valor como lo que pretende ser. Prefiero no decir nada más hasta que no comience a enviarla a editoriales a ver qué suerte corre el manuscrito.

Ahora, tras acabar ese «experimento», me apetece volver a montar una nueva novela. No soy un escritor rápido, no me planteo las obras con fecha fija de entrega. Me gusta tomármelo con calma, pero, sobre todo, me gusta tener siempre una obra sobre la que pensar en mis ratos muertos: antes de dormir, durante un trayecto a solas en el coche, en el baño, mientras corro… Ir montando la novela poco a poco en mi cabeza y en el ordenador me gusta, es un aliciente más para el día a día.

El_misterio_del_mont_Cover_for_Kindle¿Por qué, entonces, no afrontar la tercera entrega de Growyn?, os podéis preguntar (si es que tenéis algún interés en esta historieta personal). En primer término, tengo un motivo puramente comercial. Sé que ninguna editorial convencional va a publicar esa tercera entrega de Growyn. Mundos Épicos, la editorial que publicó El caso del hada falsamente ahogada, ya no existe. Publiqué El misterio del monte Colibrí como autoedición con Createspace (vamos, Amazon). Así que está claro que la tercera entrega también va a ser autoeditada, lo que no es ni malo ni bueno de por sí, pero —cosas del ego o de qué se yo— me apetece volver a intentarlo «a lo clásico», y me apetece escribir algo que se aleje de la fantasía clásica de elfos, hadas y duendes. Incluso estoy pensando intentarlo con una historia para adultos. Eso aún no lo tengo claro.

El problema es que las ideas que tengo son vagas, son más de género que me gustaría afrontar (llevo varios días pensando que me apetece atreverme con una historia de terror, aunque hace unas semanas pensaba que estaría bien atreverse con algo histórico, por lo que puede que la semana que viene tenga la idea de algo histórico de terror o un drama romántico, no puedo asegurarlo).

Cuando comienzo a plantearme una historia concreta, me surgen ideas para el nuevo caso de Growyn (que ya sé que va a ocurrir en un monasterio de elfos, a lo El nombre de la rosa), incluso he redactado en mi cabeza el arranque del prólogo, que no he querido escribir para que se fije si, y solo si, es lo suficientemente eficaz como para no olvidarlo.

Así que cuando digo que la sombra de Growyn no me deja pensar con claridad, casi no es una metáfora. Y eso me lleva a considerar que Growyn forma ya parte de mí y que más pronto que tarde tengo que darle otra oportunidad. Tal vez en un futuro cercano.

Tal vez ahora.

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Convocatoria “Su Robo, Gracias” (Título Provisional)

Judith Bosch

Javier Martínez

Ilustración de Javier Martínez

www. javiperillas.deviantart.com

Tomás Hijo

Ilustración de Tomás Hijo

www.tomashijoart.bigcartel.com

Ivan RuSo

Ilustración de Iván RuSo

www.irs1973.blogspot.com

Marco Gómez

Ilustración de Marco Gómez.

www.facebook.com/GaleriaDeMarcoAGomez.

David Rendo

Ilustración de David Rendo

www.davidrendo.com

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Su robo, Gracias

Judith Bosch

surobograciascabecera2Por Antonio J. Cuevas, Zoraida Zaro, Rafael Estrada, So Blonde, Helena García, Alicia Pérez Gil, Mo Mochi y Judith Bosch.

Este mes, en lugar de “Homenaje al Ilustrador” rendiremos HOMENAJE A TODOS LOS ILUSTRADORES, especialmente a todos aquellos que han visto sus trabajos publicados en blogs, revistas, carteles ¡e incluso camisetas! con la firma de otros o directamente sin firma.

Los artífices de tan desagradable circunstancia afirman habitualmente haber sacado las imágenes de “Google”. Vaya, que “Google” aparte de ser el buscador más grande del mundo, además dibuja y regala imágenes.

Todavía podemos encontrarnos argumentos con peor baba, del tipo: “Pues si no quieres que te roben imágenes no las publiques en Internet”. A ver, chaval, chavala, nadie publica sus imágenes en”Internet”, las publicamos en nuestros blogs y en nuestros portfolios, que están conectados a una red global para que la gente que necesita ilustradores pueda contactarnos; no para que…

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La creatividad del aburrimiento

Entre otras cosas, escribo posts de manera profesional para blogs de cualquier temática. Uno de los temas que me toca tratar gracias a este desempeño es de la la psicología. Esta semana, la psicóloga me pidió que hablara sobre el tema del aburrimiento como algo necesario. Cuando me puse a desarrollar el artículo me di cuenta de que todo lo que encontraba se podía aplicar perfectamente a la rutina del escritor.

El post, que podéis leer aquí, viene a confirmar que aburrirse es necesario para ser creativo. Parece que nuestro cerebro bulle cuando no hace nada, o cuando creemos que no hace nada. Y pensando en las veces que se me han ocurrido ideas, en que he salido de un atasco creativo o en que he encontrado ese giro narrativo que no conseguía hallar, me he percatado que la mayoría de las veces no ha sido delante del ordenador, tecleando y buscando una solución, sino paseando por el parque, acostado en la cama, corriendo, conduciendo… en definitiva, haciendo cosas que no tenían ningún coste intelectual.

Si lo pensamos, nuestro idioma ya tiene una expresión para esto: «consultarlo con la almohada», donde la almohada viene a ser una metáfora del descanso, la falta de estrés, el aburrimiento.

Así que ya lo sabéis, escritores, ante un atasco, dejadlo todo un par de días, salid a pescar, contemplad esa mancha en el techo que algún día habrá que pintar, bostezad. La idea que necesitáis espera esos momentos para llamar a vuestra puerta.

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Lecturas infantiles

Tener un hijo (una hija en mi caso) tiene muchas cosas buenas, no voy a decir nada nuevo en eso. Pero hoy voy a destacar tan solo una: tener un hijo pequeño te hace redescubrir la literatura.

Gracias a Alicia estoy leyendo libros que no hubieran caído en mis manos. A pesar de mi edad, sigo leyendo literatura juvenil, porque también me gusta escribirla, pero desde hace cuatro años, he comenzado a disfrutar de la literatura infantil. Sentarte junto a la cama de tu hija a leerle un cuento mientras ella mira los dibujos te convence del poder que tienen las historias, de cómo un autor puede entrar en la cabeza de una criatura y ayudarle a soñar.

Una inundación de fantasía

Una inundación de fantasía

El día seis de enero, los Reyes Magos le trajeron a Alicia el libro El día que olvidé cerrar el grifo, con texto e ilustraciones de Lucía Serrano Guerrero. Sinceramente, no sé quién ha disfrutado más con él, si Alicia o yo mismo.

Me he dejado llevar por el poder imaginativo de ese niño que sale de la ducha sin cerrar el grifo, de las consecuencias que eso acarrea, de cómo se defiende en ellas y saca provecho de la situación, de cómo sabe disfrutar con lo que le ha tocado vivir. Y, sobre todo, he disfrutado junto a Alicia de los dibujos, de los pequeños detalles que descubrimos juntos en las ilustraciones, de la elegancia y la insinuación.

Tanto si tienes hijos como si no, si eres niño como adulto, te recomiendo esta historia.

Los Reyes Magos saben lo que hacen.

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